La característica que distingue la pintura al óleo de otras formas de pintura es su capacidad de presentar con eficacia texturas. El cuadro Los embajadores de Holbein (1533), apela al sentido del tacto. El ojo pasa de la piel a la seda, del metal a la madera, del terciopelo al mármol. Todo en el cuadro se refiere a su cuidadosa fabricación por tejedores, bordadores, tapiceros, orfebres, mosaiquistas, peleteros, sastres y joyeros.
Las obras de arte de las tradiciones anteriores celebraban la riqueza, como símbolo de un orden social fijo o divino. La pintura al óleo celebraba una riqueza más dinámica por lo cual la pintura tenía que demostrar la deseabilidad visual de aquello que se podía comprar con dinero.
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